“La escuela de la ignorancia” y la manipulación de la ciudadanía

Extraído de:

http://ecodiario.eleconomista.es/investigacion-universitaria/noticias/1724666/11/09/La-escuela-de-ignorancia-y-la-manipulacion-de-la-ciudadania-.html

Juan Carlos Rodríguez | 7:15 – 26/11/2009

El flagrante analfabetismo propiciado por el fracaso del sistema educativo ha disparado la alarma social, sobre todo, entre los profesores, desesperados ante la incapacidad manifiesta de muchos de sus alumnos para entender y comprender. Quizás no sea algo fortuito.

 Este impasse del sistema educativo cada vez recibe más denuncia por su fracaso pedagógico. De hecho, el catedrático de Sociología de la Universidad de Salamanca, Mariano Fernández Enguita, habla de un nuevo género literario, el “cuaderno de quejas”, que viene a denominar a la cada vez más amplia literatura que genera el desencanto educativo.

En el origen de ello está Jean Claude Michéa y el texto que ha dado pie a una de las teorías conspirativas más sondeadas en la red: La escuela de la ignorancia y sus condiciones modernas (Acuarela Editorial), traducido en España en 2002. Michéa es claro: en el fracaso mismo de la enseñanza se esconde un intento de, rompiendo con los valores cívicos, enaltecer los valores creados por el capitalismo (el triunfo, el dinero, el egoísmo).

Al margen de que las teorías de Michéa acerca del “capitalismo suicida” se hayan, forzosamente, de releer dada la crisis económica mundial, es indudable que la escalada de ignorancia obligue a oírle de nuevo, dado que, según el filósofo francés, forma parte de una estrategia que conduce al “entontecimiento global”. Y a ello vamos. Lo ha constatado el novelista Eduardo Mendoza: “Hay un proyecto, quizá inconsciente, de manufacturar ciudadanos que no sean malos, pero sí tontos”.

Es obvio, en cualquier caso, que el balance de una galopante destrucción de la calidad de la educación no es un espejismo. Daniel Pennac y su Mal de escuela (Mondadori) es, acaso, el texto que en los últimos años mayor énfasis ha puesto en ello. El novelista francés reconstruye en su libro su vivencia como alumno, un mal alumno (un zoquete, o cancre, en su propia definición), enriquecida por la experiencia de largos años de profesor y la calidad narrativa del magnífico escritor que ahora es.

Prudencia pedagógica

Basta una frase de Pennac para resumirlos hacia donde vamos: “La prudencia pedagógica debería representarnos al zoquete como al alumno más normal: el que justifica plenamente la función de profesor puesto que debemos enseñárselo todo, comenzando por la necesidad misma de aprender”.

Pero no es único. En el contexto español, hay que citar a José Sánchez Tortosa con El profesor en la trinchera. La tiranía de los alumnos, la frustración de los profesores y la guerra en las aulas (La Esfera de los Libros) y José Penalva Buitrago con Cartas de un maestro (Biblioteca Nueva), que han dejado bien claro que no es un problema de percepción casual. Los últimos títulos son inevitables. La gran estafa. El secuestro del sentido común en la educación (Unisón), de Alicia Delibes Liniers; El Progresa adecuadamente (Tentadero), de Xavier Pericay, y el Panfleto antipedagógico (Leqtor), de Ricardo Moreno Castillo.

Este “panfleto” está escrito, por ejemplo, contra “una reforma educativa que, en un tiempo récord, ha conseguido que la cultura de los alumnos baje hasta niveles alarmantes, que la mala educación en la vida cotidiana de los centros suba hasta cotas vergonzosas, y que los profesores estén más hartos, deprimidos y desesperados que nunca”.

Pericay opina igual, aunque se fija, sobre todo, en las enseñanzas primaria y secundaria, extiende hacia adelante las características fundamentales del proceso, alcanzando a la universidad, “que empieza a semejar ya un parvulario […] La enseñanza actual, así la inferior como la superior, no posee otro objetivo que el de entretener a los usuarios de las aulas“.

“Escuela de capitalismo total”

Entretener. Quizás ahí no esté la totalidad de la explicación, pero sí parte de ella. Y es esa ociosidad de la enseñanza la que conecta, de nuevo, con Michéa y su concepto de “Escuela de capitalismo total”. Lo explica él mismo:

“Sólo desde aquí es posible comprender hasta qué punto los progresos de la ignorancia -esto es, el declive de la inteligencia crítica y del sentido de la lengua-, lejos de ser efecto de una disfunción lamentable de nuestra sociedad, se han convertido, por el contrario, en una condición necesaria para su propia expansión. Una hipótesis que va más allá de una astuta teoría conspirativa”.

En cualquier caso, las deducciones de Michéa -de un obvio calado antisistema o anticapitalista, leídos en su contexto político- han fructificado como contenido de la conspiranoia, sobre todo a partir de lo que podríamos denominar el Club Fairmont, dado sus notables paralelismos con el Club Bildelberg.

Michéa relata en su libro una reunión en septiembre de 1995 bajo la égida de la Fundación Gorbachov que reunió a “quienientos políticos, líderes económicos y científicos de primer orden”, es decir, la élite mundial, en el Hotel Fairmont de San Francisco. A partir de una evidencia -“en el próximo siglo dos décimas partes de la población activa serían suficientes para mantener la actividad de la economía mundial“-, la reunión buscaba una respuesta: qué hacer con “la humanidad sobrante”.

Fin del análisis crítico

La respuesta fue el adocenamiento paulatino y metódico de la población, gracias a un concepto creado por el propio sistema: el titytainment. Es decir, una mezcla de entretenimiento, satisfacción instantánea y espectáculo, que busca acabar con la capacidad de análisis crítico de la ciudadanía inoculado a partir de la destrucción del aparato educativo o, visto desde su reverso, promover una “escuela de ignorancia”.

Con razón o sin ella, cierto o no, la cuestión es que Michéa ha impuesto en la red su visión del fracaso educativo como control de la población. Así que hoy en la red, los amantes de la conspiración lo tienen claro: expían al diablo asegurando que esta agonía y muerte de la escuela (palabra extinta, para ser coherentes con este fracaso de la educación) que en las últimas dos décadas presenciamos entre incrédulos e impávidos responde a una campaña orquestada desde las tripas del Estado -el poder económico, ese oscuro objeto del deseo- para hacer de los futuros ciudadanos títeres tan fácil de manipular como convertir en consumidores compulsivos.

España, por debajo de Europa

Lo que sí es cierto, con Michéa o sin él, es que el resultado final de esta escolarización banal y descuartizada, maltratada por unos y por otros, está construyendo un trofeo al pesimismo, una raza de nuevos analfabetos -que sepan lo justo y protesten lo mínimo- criados con fruición por las consejerías de Educación de turno.

Pero así, con los datos en la mano del informe Pisa, difícilmente vamos a poder competir en Europa. España se sitúa por debajo de la media europea en compresión lectora, en alumnos que terminan la educación secundaria y los que terminan bachillerato o formación profesional de grado medio.

De la LOGSE -según Moreno Castillo el origen de la “escuela de ignorancia” en España- a la LOE se ha acabado por eliminar el esfuerzo y el estudio, se le ha retirado la autoridad al profesorado, se ha implantado una suerte de recurso a lo fácil entre los alumnos, admitiendo hasta cuatro asignaturas suspendidas para pasar de curso.

Pero informes al margen, basta con preguntarles a los padres: su grado de insatisfacción con los colegios es cada vez mayor.

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