El problema del Libro – Juan Domingo Argüelles

Extracto de :
 
 Adiós a la profecía de McLuhan
El libro y la cultura escrita en la aldea global
 
 Por Juan Domingo Argüelles
Texto completo en:
 http://ignacio88.tripod.com/sitebuildercontent/sitebuilderfiles/libronodesaparece.pdf
  
 (…) Así, por ejemplo, una buena parte de los universitarios no piensa en la lectura como un placer, sino que de antemano considera que “leer es difícil, quita tiempo a la carrera y no permite ganar puntos más que en la bibliografía citable”; en cambio, publicar “sirve para hacer méritos”. En su libro La fiebre de los diplomas, Ronald Dore nos advierte sobre esta innegable verdad: que no toda la escolarización es educación, pues una gran parte de ella tiene que ver tan solo con la búsqueda de cualificaciones; tendencia que aumenta cada día hasta llegar a ser una búsqueda tediosa, aburrida, angustiosa, destructora de la curiosidad y la imaginación, en suma antieducativa y reñida con todo lo que signifique placer, incluido el de la lectura.Todo lo cual conduce a un sector considerable de universitarios no a la preocupación por el saber sino a la búsqueda de que le certifiquen la sabiduría. En otras palabras, su propósito no es “el conocimiento en sí mismo, ni para su aplicación constante más tarde en una situación de la vida real, sino con el único fin de repetirlo de una vez por todas en un examen. Y el aprendizaje y la repetición son únicamente medios para un fin: el de conseguir un certificado que es un pasaporte para un empleo codiciado, una situación, una renta”.Privilegiar este tipo de “saber”, en detrimento de lo placentero y extracurricular, se ha vuelto una costumbre que es otro de los graves problemas del libro. Jorge Ibargüengoitia lo dijo con perfecta claridad: la única razón lícita para leer obras literarias es el goce que producen, pues, por otra parte, “hay que tener en cuenta que los beneficios que produce la lectura de obras literarias son muy tenues; en lo moral, muy dudosos, y en cuanto al conocimiento que da de la vida, inaplicables. Nunca he oído a nadie decir: ‘Me salvé porque apliqué las enseñanzas contenidas en Fortunata y Jacinta.’”
 
 
Existe una pequeña multitud, una enorme minoría que, más allá de procesos digitales y de nuevas tecnologías, más allá de las profecías apocalípticas de los McLuhan y los Negroponte, más allá del mundo feliz de la facilidad, la abundancia y la rapidez de la comunicación de masas, y más allá del burdo concepto curricular de “utilidad” que conlleva un sistema educativo equivocado, le sigue dando sentido al libro y a la cultura escrita y puede, liberadoramente, decir, con Gabriel Zaid, lo que siempre, en las casas y en las escuelas, nos han repetido como una acusación y como una culpa, pero que jamás nos han reconocido como una virtud: que “leer no sirve para nada: es un vicio, una felicidad”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: