Sobre la educación III – John Taylor Gatto

Traducción extraída de la web:

http://historiasecretadelsistemaeducativo.weebly.com/

La nueva estupidez

La gente corriente envía sus hijos a la escuela para que sean inteligentes, pero lo que enseña la escuela moderna es la estupidez. Es una idea religiosa fuera de control. No tiene que aceptar esto, sin embargo, para darse cuenta de que esta clase de economía estaría amenazada si demasiada gente inteligente supiera demasiado. No le pediré que lo acepte por fe. Sea paciente. Dejaré que un famoso editor norteamericano le explique el secreto del éxito financiero global dentro de un momento. Tenga paciencia.

La estupidez a la antigua acostumbraba a ser simple ignorancia. Ahora la ignorancia ha sido transformada en categorías matemáticas permanentes de estupidez relativa como «dotados y con talento», «grupo principal» o «educación especial». Categorías en que el aprendizaje es racionado para bien de un sistema de orden. La gente estúpida ya no es simplemente ignorante. Ahora es adoctrinada, su mente condicionada con dosis sustanciales de desinformación preparada comercialmente con propósitos tranquilizadores.

Jacques Ellul, cuyo libro Propaganda es una reflexión sobre el fenómeno, nos avisó de que los niños prósperos son más susceptibles que los otros a los efectos de la escolarización, porque se les promete más confort y seguridad permanentes a cambio de la rendición total:

El juicio crítico desaparece completamente, porque de ninguna forma puede jamás existir juicio crítico colectivo […] El individuo no puede seguir juzgando por sí mismo porque inevitablemente relaciona sus pensamientos con todo el complejo de valores y prejuicios establecidos por la propaganda. Respecto a las situaciones políticas, se le dan hechos juicios de valor investidos con el poder de la verdad por […] la palabra de expertos.

 

La nueva estupidez es particularmente mortal para los chicos de clase media o media-alta, ya hechos superficiales por múltiples presiones para conformarse, impuestas por el mundo exterior a sus padres normalmente ligeramente arraigados. Cuando llegan a adultos, están convencidos de que tienen que saber algo porque sus títulos y licencias eso dicen. Permanecen así convencidos hasta que un divorcio inesperadamente brutal, una reducción de personal a media edad o ataques de pánico sin sentido perturban el equilibrio precario de su humanidad incompleta, de sus vidas adultas nacidas muertas. Alan Bullock, el historiador inglés, dijo que el mal era un estado de incompetencia. Si eso es cierto, nuestra aventura escolar ha llenado el siglo XX con el mal.

Ellul lo describe así:

El individuo no tiene ocasión de ejercer su juicio sea en cuestiones de principio o en sus implicaciones. Esto lleva a la atrofia de una facultad no ejercida con facilidad bajo [las mejores] condiciones […] Una vez el juicio personal y las facultades críticas han desaparecido o se han atrofiado, no reaparecerán simplemente cuando la propaganda se suprima […] se necesitarían años de educación intelectual y espiritual para restaurar esas facultades. El que está sometido al influjo de la propaganda, al ser privado de una propaganda, adoptará inmediatamente otra. Esto le ahorrará la agonía de encontrarse vis a vis con un acontecimiento sin una opinión confeccionada.

 

Una vez los mejores niños son rotos por un sistema así, se desintegran moralmente, pasando a ser dependientes de la aprobación del grupo. Una alumna de mérito nacional de mi propia familia escribió una vez que su sueño era ser «una pequeña parte de una gran máquina». Eso me rompió el corazón. Lo que los chicos atontados por la escolarización no pueden hacer es pensar por sí mismos o estarse tranquilos alguna vez durante mucho rato sin sentirse locos. Los chicos y chicas idiotizados muestran dependencia explotable de muchas formas por las personas mayores especialistas en ello.

De acuerdo con los análisis oficiales, la estupidez no se enseña (como sí mantengo), sino que es innata en un gran porcentaje de lo que se ha venido en denominar «fuerza de trabajo». La expresión misma fuerza de trabajo debería decirle a usted mucho sobre la mente que gobierna la sociedad moderna. De acuerdo a los informes oficiales, sólo una pequeña fracción de la población es capaz de lo que usted y yo llamamos vida mental: pensamiento creativo, pensamiento analítico, pensamiento crítico, una tríada que ocupa las tres posiciones más altas en la Taxonomía de objetivos educativos [Taxonomy of Educational Objectives] de Bloom. Sólo una fracción tan pequeña que le impresionaría. De acuerdo con los expertos, la gran mayoría de la masa es estúpida más allá de cualquier esperanza, incluso de forma peligrosa. Quizás sea usted cómplice voluntarioso de este golpe social que ha hecho revivir el sistema de clases inglés. Ciertamente lo es usted si su hijo ha sido recompensado con la etiqueta dotado y con talento por su escuela local. Eso es lo que Dewey entiende por «correcto» orden social.

Si cree que no se puede hacer nada por el tonto excepto dar amabilidad, porque se trata de la biología (el modelo de la curva de campana); si cree que los opresores capitalistas han arruinado a los estúpidos porque son malos (el modelo neomarxista); si cree que la estupidez refleja una fibra moral depravada (el modelo calvinista); o que es el modo de la naturaleza de descalificar a los inadaptados de las oportunidades de reproducción (modelo darwinista); o que es el modo de la naturaleza de proveer alguien que le limpie el baño (el modelo elitista pragmático); o que es evidencia de mal karma (el modelo budista); si cree cualquiera de las diferentes explicaciones dadas para la posición de los estúpidos en el orden social que tenemos, entonces estará obligado a admitir que una vasta burocracia es verdaderamente necesaria para dirigir a los estúpidos. De otra forma nos asesinarían en la cama.

La sorprendente posibilidad de que la gente tonta no exista en suficiente número para garantizar las carreras dedicadas a vigilarla le parecerá increíble. Sin embargo esa es mi proposición: la estupidez masiva tuvo que ser imaginada primero. No es real.

Una vez se desea la existencia de los tontos, estos sirven para valiosas funciones: como peligro que son para sí mismos y para los otros tienen que ser vigilados, clasificados, disciplinados, adiestrados, medicados, esterilizados, metidos en guetos, engañados, coaccionados, metidos en la cárcel. Para los idealistas representan un desafío, réprobos a quienes hacer socialmente útiles. No importa del modo que quiera verlo, cientos de millones de niños perpetuos requieren atención pagada de millones de adultos custodios. Una horda ignorante que ser escolarizada de una forma u otra.

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