Sobre la educación II – John Taylor Gatto

Por dentro era marrón y cuadrado

Barbara Whiteside me enseñó un poema escrito por un estudiante de último año de instituto en Alton, Illinois, dos semanas antes de suicidarse:

Él dibujaba… las cosas que tenía dentro que necesitaba expresar.
Bonitos dibujos que tenía bajo la cama.
Cuando comenzó la escuela los llevó…
Para tenerlos al lado como a un amigo.
La escuela era curiosa, se sentaba en un pupitre marrón y cuadrado
Como todos los otros pupitres marrones y cuadrados.. Y su habitación
Era una habitación marrón y cuadrada, como
todas las demás habitaciones, aisladas, cerradas y rígidas.
Odiaba aguantar el lápiz y la tiza, sus brazos rígidos
Sus pies pegados al suelo, rígidos, la profesora mirando
Y mirando. Le dijo que llevara una corbata como
Todos los demás niños, él dijo que no le gustaba.
Ella dijo que no importaba lo que le gustaba. Tras esto la clase dibujaba.
Él los dibujó a todos amarillos. Era su modo de sentir la mañana.
La profesora llegó y sonrió: ¿Qué es esto?
¿Porqué no dibujas algo como el dibujo de Ken?
Después de eso su madre le compró una corbata, y él siempre dibujó aviones
y naves espaciales como todos los demás.
Por dentro era marrón y cuadrado y sus manos estaban rígidas. Las cosas
de dentro que necesitaba expresar ya no lo necesitaban,
habían dejado de latir… aplastadas, rígidas
Como todo lo demás.

Tras una charla en Nashville, una madre llamada Debbie me pasó una nota manuscrita que leí en el avión a Binghamton, Nueva York:

Comenzamos a ver que Brandon no sabía qué hacer en primer curso, con urticaria, depresión, llorando cada noche después de preguntar a su padre: «¿Mañana hay colegio también?». En segundo curso el estrés físico se hizo claro. El profesor declaró que su problema era el síndrome de déficit de atención. Mi hijo feliz y lleno de vitalidad era visto ahora como un problema médico, por nosotros y también por la escuela.

Un médico, un psiquiatra y una autoridad de la escuela determinaron que padecía esta dolencia. Se hizo hincapié en la medicación junto a modificación del comportamiento. Si se sospechaba que Brandon no había sido medicado se le enviaba a casa. Parecía que mi clavija cuadrada necesitaba que la limaran un poco para encajar en su agujero redondo.

Lloré al verme despojada de mi posibilidad de elección como madre. Mi ignorancia sobre las opciones disponibles permitió que Brandon siguiera medicado a lo largo del segundo curso. Las lágrimas y urticarias continuaron otro año completo hasta que no pude soportarlo. Comencé a escolarizar a Brandon en casa. Fue su salvación. Está saliendo adelante. Ahora nunca llora y hace su trabajo con ilusión.

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